domingo, 2 de agosto de 2009

¿REVOLUCIÓN U ORGANIZACIÓN?

Los valores de la Revolución Francesa ya están más que desfasados. La posmodernidad ha hecho su trabajo. Sin embargo, un análisis de las causas y los efectos de dicha revuelta que inauguró la modernidad, no deja indiferente.

En primer lugar, la razón que llevó a Luis XVI a convocar los Estados Generales, 175 años después de que fueran disueltos, para pedir dinero a los contribuyentes tras la bancarrota en que se encontraba la corona. ¿Les suena de algo? Un gobierno, después de disfrutar largos años de prosperidad y lujo (incluido el reinado del Rey Sol, Luis XIV), convoca al contribuyente para que cubra el agujero económico debido a su propio despilfarro. Al menos en este caso, los tan denostados burgueses franceses fueron más aguerridos que nosotros.

Lo que viene después es bien conocido. Todos lo hemos estudiado en el colegio como uno de los momentos determinantes de la historia de la humanidad. Pero si le quitamos la fanfarria moderna, recordamos a los filósofos pragmáticos ingleses y el poder que desarrolló Francia durante el siglo XIX, la cosa queda clara. El éxito de la Revolución Francesa y el sistema que produjo se basa exclusivamente en la capacidad de organización de una sociedad dispuesta a ello. El intento de construir un estado basado en la igualdad de oportunidades (oportunidades para los franceses en el caso de la Revolución Francesa) lleva a una entidad política más poderosa que se impone a las otras y las domina con su riqueza porque sus ciudadanos más capaces se encuentran en los mejores puestos, o al menos esa es la concepción ilustrada ideal.

Que tomen nota las sociedades del futuro (pienso, por qué no, en Irán y su frustrada revuelta aperturista, en EEUU como es obvio, en China y su oligarquía, en el subcontinente indio despertando del letargo). Aquellas que sepan organizarse en un sistema que potencie la igualdad de oportunidades y la justicia social son las candidatas a dominar el mundo.

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